domingo, 13 de enero de 2013

Digamos que nunca he destacado. Siempre he sido una don nadie, de esas con las que todos los tíos se reían pero para ligarse a la amiga, que estaba justo al lado. Sí, tengo una vida demasiado patética y os preguntaréis ¿como soy capaz de escribirlo? Bueno, es cuestión de acostumbrarse a ser una total inhumana. Es fácil, cuando le coges el gustillo ya no necesitas que nadie te saque de tu mundo de extremo amor propio y diversión. Al principio, dices: "Todo saldrá bien. Algún día te tocará a ti, serás tu la afortunada." Pero que va. Las oportunidades pasan, y el tiempo también y nada, nunca eres tú. Pero el tiempo a su vez te hace madurar, y te hace ver que sí, que quizás no tengas a nadie que te diga que te quiere, alguien a quien besar cuando el resto del mundo ya no gira en torno a ti... Pero tampoco lo quieres. No quieres a esos que se fijan en una fachada, que prefieren un sujetador bien puesto a la originalidad, que tan solo sueñan con un polvo con tu mejor amiga. No los quieres. Quieres a alguien que se fije solamente en ti. Y como ya sabes, nunca va a ocurrir, por lo menos ahora, pero  intentas ser feliz. Y por ahora a mí concretamente no me va tan mal. Y sí, muchas veces gritas desesperadamente a quién sea que maneja el destino que te de un poco de cariño, un poco de atención, mientras pones buena cara al mundo, fingiendo que sola te va muy bien. Cierto, mi vida es una maldita mierda, pero esta mierda es real, puedo olerla, tocarla e incluso jugar con ella. El mundo donde el resto de personas viven es mejor que el mío, y eso lo admito hasta yo, pero seguramente no sean tan reales, y verdaderos, quizás sean tan solo una farsa. Recuerdo como elegí ser la rara y no la especial. Actualmente, unos cinco años después no me arrepiento de nada, y claro, tiene sus inconvenientes: La gente me ve como una loca retrasada que sueña con morir rodeada de trescientos gatos y la cual nunca ha sido capaz de tener sentimientos, pero me alegro de tener los pies en el suelo, de saber que lo que nace se apaga, que todo lo que sube baja. De hecho, yo estuve en el punto más alto, me dio tanto vértigo, que decidí bajar. Y aquí estoy, con una depresión de caballo, mientras escribo sobre mi desagradable estancia en el planeta tierra... y sigo mi camino, con destino a un lugar donde esta intrusa del siglo XXI destaque, pero para bien, por primera vez desde hace mucho tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario